La Fórmula1 está dando mucho de que hablar últimamente. Recordando la temporada, dan ganas de llevarse las manos a la cabeza y gritar: “¡Tongo!”

Hemos visto como el reglamento ha sido adaptado por la FIA a cada nueva hazaña de Hamilton. Que Hamilton se sale, viene la grúa de los Playmobil y selecciona, como si de gancho mecánico articulado de feria se tratase, su coche entre los que se encuentran fuera del circuito, pues a partir de ahora ya no vale y todo ha sido pura casualidad ¿no?

Que Hamilton con el safety car conduce como si fuera ebrio y provoca el accidente de dos de sus compañeros que frenan antes el peligro de adelantarle y que la FIA les fría a sanciones, pues no pasa nada. Aunque haya un reglamento que especifique clarísimamente el asunto, se empieza a aplicar a la próxima, que esta era de prueba para Hamilton, que es burrito blanco. Y que además a Kubica por mucho menos, casi le excomulgan, no importa.

Menos mal, que en todo esto, aparece un acertado Massa en sus declaraciones y comenta “alguien quiere que gane Hamilton”, ¡pues claro! será eso y no nos estabamos dando cuenta. Entre unas y otras, se suceden las sorpresas que parecen la perfecta línea argumental para un puro monólogo español, con Hamilton de protagonista y hasta las tapas de humor negro, que se nos da de vicio.

Si echamos la vista atrás. Han pasado muchas más cosas. Dos grandes premios en los que Alonso lleva las ruedas infladas como manguitos o mejor, como las típicas ruedas de playa, 4 veces la presión normal y la FIA dice “fallo humano”, “ole ahí tú con lo tuyo” dan ganas de decir.

Más una extraña sanción no reglamentada, que surge con el primer encontronazo serio de los dos pilotos de la escudería Mclaren. “¿No os acordáis? Sí, hombre sí”, aquella del mecánico asustado que levanta el lollipop ante la entrada de Hamilton en boxes, en Hungría. La escena: “los mecánicos hatónitos y Alonso esperando la cuenta atrás de su ingeniero”. Resulta que la estrategia del equipo era que Alonso saldría el último de los dos, pero a Hamilton no se le puso. Además lo aderezó con una cuantas lindezas para su padrino en la F1, Ron Dennis. Cito textualmente “No me hables así en tu puta vida”, todo un educado caballero inglés.

Por si esto fuera poco. A la media hora, ojeo la prensa online británica e italiana en mi ordenador, y ¿qué leo? Pues cizaña a destajo “¡más madera!”. No se ponen de acuerdo en qué apelativo poner al sucio Alonso que no ha dejado que el pobrecito Hamilton haga su última vuelta de clasificación. Me duele aún más la cara que pone Hamilton ante la pregunta del entrevistador en la rueda de prensa sobre por qué no sale cuando levanta su mecánico el Lollipop! “¿qué pasa? ¿No se ha enterado que es culpa suya?” Alonso en ese momento evita la pregunta, lo que a mi juicio es una muestra más de tranquilidad y preocupación por la imagen de su casa.

Así que la FIA decide investigar. Hamilton se queja de que el equipo ha llamado tarde a boxes a Alonso. La FIA se hace con la cinta de las comunicaciones internas, charla con los pilotos y con Ron Dennis y a última hora decide poner a Fernando en la sexta posición, robándole la pole, basándose en …. “¡exacto!” ninguna regla del reglamento. Además penaliza sin puntos de constructores a Mclaren, lo que más tarde se vería, no importaría nada.

Con este individuo de nombre Lewis, del que se trasluce su valor personal en todas estas tropelías, parecen identificarse los hijos de la Gran Bretaña, que llevan sin mojar en la F1 ni se sabe y que han perdido las esperanzas de que ese guapete, llamado Button, gane algo.

Pero esto no es nada. Podría añadir mucho más. Las declaraciones de Ecclestone sobre que “Fernando Alonso no ha hecho nada en dos años como campeón, por la F1” y que quiere que gane Hamilton. La confirmación de Ron Dennis sobre su predilecto Hamilton. Que los amigos, novia y familia de Alonso se fueron al motorhome de Renault a ver la carrera, ya que en Mclaren prefieren llorar que se salga Hamilton a que gane Alonso. Y muchas más.

Yo por mi parte, he decidido dejar todo esto plasmado ante mi incredulidad. Ojalá Fernando Alonso gane el campeonato en Brasil y se lo dedique a su gente. Es un gran piloto, que ha tenido que ver como dejaban que su compañero le copiara los reglajes, pidiera sus telemetrías…

Está claro que a día de hoy el deporte reina de la conducción se gana en las oficinas y en los boxes, una pena. Yo por mi parte seguiré viéndolo como aficionado que soy desde pequeño y seguiré esperando que una cadena nacional vuelva a retransmitir el mundial de Rally.

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